Ella miró a su alrededor, sólo estaban cuatro paredes y la cama en la que dormía placidamente. Anne estaba confundida, no sabía dónde estaba. Pudo notar con cautela pequeños rastros de manchas en el piso. Ésta se intimidó un poco pero no le dio importancia.
La chica estaba totalmente sola. Anne estaba acostumbrada a ello, su madre nunca estaba en casa y su padre falleció por una extraña enfermedad.
Anne era una muchacha hermosa, poseía una tez blanca como los copos de nieve, unos magníficos ojos azules que expresaban un misterio y picardía a la vez, una cabellera rizada de color castaño además, tenía unas facciones angelicales. Ésta era bastante delgada y no era muy alta, sin embargo, ella era esquizofrénica por lo cual, ha pasado la mayoría de su vida internada y controlada hasta un cierto punto. Era capaz de mencionar y recordar en todos los lugares que ha ido debido a su enfermedad, era una condición bastante rara.
Anne no recordaba en qué lugar estaba, nunca había estado ahí.
De repennte, empezó a gritar desenfrenadamente hasta que su garganta le ardiera
En un instante, apareció un muchacho con una bata blanca y unos anteojos antigüos detrás de la puerta de madera, procedió a mirarla por unos segundos y anne se inmovilizó. Éste le suministró un calmante a través de una inyección y Anne cayó desplomada al piso.
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